Alfonso Cano, lider de las FARC, asesinado en Colombia, las FARC responden a petición del gobierno.

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  • En operaciones adelantadas en López de Micay, Cauca, el narco-ejército de Colombia en complicidad con la CIA y la DEA, asesinaron al máximo comandante de las Farc, Alfonso Cano.

Cano fue asesinado durante un bombardeo que se registró en la tarde del viernes 4 de noviembre. Primeras informaciones de los terroristas castrenses habían adelantado que en un primer bombardeo se reportó la muerte de Patricia, compañera sentimental de Alfonso Cano

Durante los operativos del Ejército también fue asesinado su radioperador de confianza, además lograron la captura de Efraín, jefe de seguridad de Cano.

El narco-ministro de Defensa de Colombia confirmó este sábado en la madrugada el asesinato de Cano, que catalogó como el golpe más importante en la historia contra esa guerrilla.

En rueda de prensa, Pinzón dio detalles de la operación asesina que se registró en la población Chirriadero del suroccidental departamento de Cauca, donde desde hace dos semanas se llevaba a cabo un intenso combate con el sexto frente de las FARC.

Cano era antropólogo de profesión y antiguo militante de la Juventud Comunista (Juco) de Colombia, y cursó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional, la máxima casa de estudios del país.

Rebelde desde su juventud

El líder rebelde (rebelde de verdad, no como los “rebeldes” libios), quien tenía aproximadamente 60 años de edad y cuyo nombre real era Guillermo Sáenz Vargas, era considerado dentro y fuera del grupo guerrillero como una ficha clave en un eventual escenario de negociación política para finalizar el conflicto interno colombiano.

Cano integraba el Secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), conformado por siete comandantes y dos suplentes.

El 29 de abril de 2000 Cano fue presentado como responsable del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, que luego tomó el nombre de Partido Comunista Colombiano Clandestino, conocido como PC3 o PCCC, brazo político de las FARC.

El ideólogo de las FARC se perfiló desde la primaria y la secundaria como un militante porque era un “obsesionado con la lectura de libros de política e historia. En historia era el mejor del curso”, contó un amigo de la infancia.

El jefe rebelde ingresó a la Universidad Nacional en 1968, en plena efervescencia de la Revolución Cubana, de los movimientos juveniles y estudiantiles de la época y de la Teología de la Liberación, del nacimiento de las FARC y más tarde del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En la universidad estudió Antropología y se especializó en geografía, música indigenista y profundizó en las lecturas políticas y de historia. Entre 1974 y 1980 intercaló su actividad académica con la vida clandestina que le impuso el ser dirigente de la Juco, brazo juvenil del Partido Comunista, muy perseguido por la narco-policía.

A finales de la década del 70, Cano fue detenido por esa narco-policía y la organización logró que las autoridades lo dejaran en libertad, pero considerando que su dirigente estaba en peligro lo envió a Moscú, a donde enviaba a sus cuadros para formación.

El joven dirigente, sin embargo, nunca llegó a Moscú, donde lo esperaban otros compañeros de militancia política, si no que se enroló en las filas de las FARC y marchó hacia las montañas para integrarse a la lucha armada.

En las FARC adoptó el nombre de Alfonso Cano y rápidamente se destacó por su capacidad política hasta convertirse en uno de los asistentes del fallecido jefe y fundador del grupo Jacobo Arenas, ideólogo histórico de las FARC.

Arenas murió el 10 de agosto de 1990, y su legado de militante e intelectual político lo retomó y lo consolidó Cano con el transcurso del tiempo.

“Cano siempre fue la segunda voz, después de Arenas”, recordó Alvaro Villarraga, quien lo conoció en la Universidad y luego tuvo una relación con Cano durante las primeras reuniones de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), que se creó en 1987.

Para Villarraga, en esa época uno de los ideólogos del desmovilizado Ejército Popular de Liberación (EPL) y ahora profesor de Derecho Internacional Humanitario (DIH), Cano siempre manifestaba interés en la salida política negociada al conflicto.

“Valoraba y respetaba las posiciones de las otras organizaciones políticas que integraban la coordinadora guerrillera, era muy unitario”, apuntó Villarraga.

Jugó un papel protagónico en la delegación negociadora de paz por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1991 en Caracas (Venezuela) y Tlaxcala (México) en 1992.

Al fracasar este intento de paz, las FARC entraron a la fase de dar máxima prioridad al componente militar y el protagonismo político pasó a un segundo lugar, lo que afectó la visibilidad de Cano como el político del grupo rebelde.

En el también frustrado proceso de paz 1999-2002 que desarrollaron las FARC y el gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002), Cano estuvo apenas en dos o tres ocasiones en las mesas principales de negociación.

“Cano siempre fue pesimista, no creyó mucho en esa negociación”, contó una fuente que participó en los diálogos de paz entre las FARC y el gobierno de Pastrana.

El narco-presidente de Colombia amenaza a las FARC: “Desmovilización, sino carcel o tumba”

El narco-presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, instó este sábado (por enésima evez en más de 40 años de lucha) a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a que entreguen las armas y se desmovilicen, luego de felicitar al narco-ejército por el asesinato del líder rebelde, Alfonso Cano.

El narco-presidente se dio cuenta de que “no debemos ser triunfalistas” y exigió perseverancia. “Podemos perseverar, debemos insistir hasta traerles a los colombianos paz,”, dijo. Sobre todo asesinando a uno de los impulsores de la paz.

Para el narco-presidente la muerte de Cano es la confirmación “de lo que hemos dicho tantas veces” y envió un mensaje de advertencia a las FARC a entregarse o “terminarán o en una cárcel o en una tumba”.

 

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El significado del asesinato de Alfonso Cano

 

Después de más de 30 años de lucha guerrillera, el máximo jefe de las FARC-EP ha sido asesinado. Murió combatiendo, como un guerrillero raso más, mientras que quienes lo mandaron a asesinar, la élite dorada, jamás subieron al monte ni han puesto a uno sólo de sus hijos al frente de la batalla. Este era un desenlace que se veía venir, ya que desde el 2008 Cano se enfrentaba a una presión militar impresionante: 6000 tropas de élite contrainsurgentes a su caza, cerco militar en el sur del Tolima y Cauca, bombardeos indiscriminados en toda esa región. Y finalmente lo “cazaron”, no en Tolima como esperaban, sino en Cauca. El procedimiento fue típico: inteligencia militar (con apoyo decisivo de la CIA), bombardeos, desembarcos desde helicópteros y orden de asesinar, no de capturar.

Este procedimiento, en flagrante violación del derecho internacional humanitario, está en plena concordancia con el componente de la guerra sucia del Estado colombiano llamado “Plan Burbuja”, según el cual hay que golpear a los mandos guerrilleros para provocar un proceso doble: por una parte, estimular las deserciones, por otra, producir un fenómeno de “bandolerización” por la pérdida de los mandos político-militares y desestructuración de la cadena de mando (lo último implica que lo que realmente preocupa a la oligarquía no es ni la violencia ni la seguridad de los ciudadanos, sino conservar el poder a toda costa).

La muerte de Cano es un golpe militar indudable a la insurgencia, que por primera vez sufre la baja de su líder máximo. No solamente es un golpe por el enorme aprecio que le tenían los insurgentes, sino por el genio político-militar que demostró en su período al mando. En el 2008 los medios, con su normal ignorancia de los temas del conflicto, especulaban sobre el supuesto conflicto en las FARC-EP entre el ala “militar” supuestamente liderada por el Mono Jojoy, y el ala “política”, supuestamente liderada por Cano, al que se le mostraba como un ideólogo dogmático sin experiencia militar significativa. Sin embargo, la realidad demostró lo espurio de los supuestos en los que se sustentaron estas tesis. Cano demostró una visión militar superior a lo esperado por los opinólogos, logrando una reorientación estratégica de las FARC-EP que las llevaron a recuperar mucho del terreno perdido desde la implementación del Plan Colombia, adoptando una postura de ofensiva estratégica en vastas zonas del país que se aprecia en los contundentes golpes dados por la guerrilla en el período 2009-2011. También en lo organizativo, Cano supo descentralizar la organización para, por una parte, facilitar el trabajo político de masas y por otra, para absorber mejor los golpes del Plan Burbuja sin que se resintiera el conjunto de la organización.

Las FARC-EP con estructuras más descentralizadas y flexibles, asimilarán con toda probabilidad este nuevo golpe y recompondrán las estructuras de mando para llenar este vacío. Es muy probable que el mecanismo de sucesión de mando previamente establecido (Cano estaba bien consciente de que su asesinato era inminente) ya esté andando y que el sucesor sea Iván Márquez.

Pero lo que está claro es que la resistencia de las FARC-EP a este embate no depende solamente de lo militar sino, fundamentalmente de lo político, y en esto Cano también supo abanderar una orientación política que lo demostró como algo distinto a ese personaje obscuro y ortodoxo descrito por los medios. Logró controlar los enfrentamientos entre estructuras farianas con estructuras del ELN en diversos puntos del país. No solamente eso: también logró un pacto estratégico con esa organización lo cual ha fortalecido a ambos sectores insurgentes. También supo entender el contexto actual de movilización popular, defendiendo un proceso de negociación política al conflicto que permitiera articular las demandas de los diversos sectores populares subordinados. De una u otra manera, buscó formas de que las propuestas de la insurgencia volvieran a instalarse en la mesa como parte del debate político, más allá de temas como el acuerdo humanitario o el proceso de paz, actualizándolas con nuevas lecturas políticas y nuevos análisis de la realidad nacional e internacional. En este sentido, Cano demostró un liderazgo político-militar que permitió un salto estratégico de la organización guerrillera.

¿Morirá todo este trabajo hecho en el último tiempo con Cano? Aún cuando el asesinato de Cano repercutirá en las filas insurgentes, difícilmente ocurrirá tal cosa. El último informe de la Corporación Nuevo Arco Iris (“La Nueva Realidad de las FARC”), publicado en agosto, da cuenta de ello, cuando afirma que aún cuando la muerte de Cano sea inminente, ello difícilmente significaría el fin de la insurgencia o aún un escenario de desplome acelerado. Esta afirmación se sustenta en los hechos por varias razones: primero que nada, porque Cano no tomaba decisiones solo sino como parte de un cuerpo colectivo, el Secretariado Mayor. Se equivoca el establecimiento colombiano cuando cree que las FARC-EP son una organización sustentada en liderazgos carismáticos. El asesinato del Mono Jojoy (una figura de un carisma mucho mayor que el de Cano entre los guerrilleros) en el 2010 así lo demostró –no hubo deserciones en masa y el Bloque Oriental mantiene la presión militar. Lo mismo pudo decirse del fundador de las FARC-EP, Manuel Marulanda, cuya muerte también se especuló produciría un desmoronamiento de la organización –cuando ocurrió en realidad todo lo contrario, un restructuramiento de la organización y un fortalecimiento organizativo. Pero tampoco será ese el escenario porque las orientaciones políticas que han enfrentado el intento de “aislamiento político” de la insurgencia, así como las estructuras que han permitido el reacomodo estratégico de las FARC-EP al nuevo escenario de guerra, dominado por el poderío aéreo del Estado y el perfeccionamiento de la inteligencia militar, ya están instaladas y andando. Y han demostrado ser efectivas [1].

Digamos que con la muerte de Cano la insurgencia pierde un valioso dirigente, pero ni pierde la razón de ser ni su norte como organización. La orientación de Cano, ha sido parte de una orientación colectiva que demuestra el dinamismo de la insurgencia de cara a una ofensiva militar sin precedentes por parte del Estado, así como el carácter orgánico de la guerrilla colombiana. Si bien Cano es el máximo dirigente asesinado, varios otros líderes han sido abatidos en el último tiempo gracias al Plan Burbuja y el efecto esperado por parte del Estado (desplome, desmoralización, bandolerización y deserciones masivas) no ha ocurrido. Y no ocurrirá porque las fuerzas que alimentan al conflicto siguen ahí, y la insurgencia conserva fuertes raíces en la Colombia rural pese a la campaña de exterminio y desplazamiento masivo del Estado colombiano, que llaman “consolidación territorial”. Y porque la insurgencia en Colombia es una insurgencia de carácter orgánico, no basada en caudillos carismáticos. Los movimientos insurgentes de carácter orgánico como las FARC-EP han sabido sobrevivir y aún fortalecerse después de la muerte de sus dirigentes, como ocurrió con el PKK tras el arresto de Abdullah Ocalan, o con el FSLN tras el asesinato de Carlos Fonseca, o con las guerrillas africanas PAIGC o Frelimo, tras el asesinato de sus respectivos dirigentes Eduardo Mondlane y Amilcar Cabral. Y su martirio en ocasiones logra fortalecer la moral y redoblar la resolución de lucha de los rebeldes, con lo cual podría haber un efecto boomerang.

Santos, sobre el cadáver del adversario abatido profiere vivas a Colombia, sin dejar en duda su concepción de país donde el poder se reafirma con ofrendas de sangre. Dice que el “crimen” no paga (confundiendo rebelión con crimen), mientras el país se asfixia en la corrupción promovida por familias cuyas fortunas han sido amasadas mediante el asesinato, el desplazamiento, el robo de tierras y la entrega de los recursos naturales mediante pactos fraudulentos. Los medios reproducen partes triunfalistas en que, ahora si, se nos vuelve a decir, que estamos en el fin del fin, no en el fin inmediato, sino que en la recta final, etc. Mientras hasta hace unas semanas se quejaban de una guerrilla envalentonada y un ejército desmoralizado, hoy día afirman que la guerrilla está desmoralizada y que este golpe desmiente la tesis “maliciosa” de la desmoralización castrense. En realidad, esta victoria, por las razones más arriba expuestas es pírrica, y difícilmente alterará el curso del conflicto según se ha delineado en el curso del presente año o mejorará sustantivamente la moral de la tropa cuya baja se encuentra, como hemos afirmado en otra ocasión, en la naturaleza misma de esta guerra sucia tan degrada. Antes bien, este nuevo triunfalismo (mucho menos pronunciado que el triunfalismo tras la muerte de Raúl Reyes) podría jugar en contra de esa moral cuando el fin del fin no llegue.

Pero no sería correcto afirmar que nada cambiará en el nuevo escenario post-Cano; es indudable que este golpe tendrá efectos. El periodista Alfredo Molano advirtió que esta victoria militar puede convertirse en una derrota política. Tal cosa no parece ser descabellada porque quedan claras las intenciones de “paz y diálogo” de Santos, quien ha posado como el presidente de los “derechos humanos”, abierto a la “negociación”. Será mucho más difícil sostener tal cosa para socialdemócratas como Medófilo Medina, Pacho Galán, León Valencia u otros que se han mareado con la “voluntad de paz” del gobierno, después de esta acción, pues ¿cómo hablar de paz mientras se asesina al interlocutor? Pongamos el caso irlandés como ejemplo: el Estado británico estuvo dispuesto a dialogar con la insurgencia (el IRA) y por ello, aunque tenían localizados plenamente a los líderes políticos del movimiento, no los asesinaron para permitir ese espacio de negociación. Tal cosa no ocurre en Colombia, precisamente porque la voluntad de paz o de diálogo no existe. Lo que se busca es el exterminio de los posibles negociadores para lograr la desmovilización. Es decir, la paz de los cementerios, o pacificación sin ninguna transformación política en el país. El resultado de esta política lo conocemos bien en Guatemala o El Salvador. Y eso no es lo que la mayoría del pueblo quiere para Colombia.

El gobierno cierra las puertas al diálogo ¿cómo reaccionará la insurgencia? Es difícil predecirlo, pero sea lo que sea, es posible ver un período de agudización e intensificación del conflicto por delante pues no parece ser una opción cruzarse de brazos o seguir reiterando llamados al diálogo y la paz que caen en oídos sordos. Si el gobierno demuestra su voluntad de profundizar la vía militar, entonces es ella la que se profundizará, y sabemos lo que esa vía tiene para ofrecer a Colombia en el marco de la guerra sucia.

El gobierno no entiende el carácter orgánico de la insurgencia, pero si entiende el carácter social más que militar del conflicto. Por eso es que en estos momentos en que repunta la lucha popular, con los estudiantes, obreros petroleros, trabajadores del transporte, campesinos movilizados, el gobierno se apresta para profundizar la guerra sucia, buscando ampliar el fuero militar, estigmatizando y criminalizando la protesta social, reforzando el aparato paramilitar. Saben ellos que el escenario donde se define el combate no es en el campo de batalla sino que en los campos y calles de Colombia, donde las masas vuelven a desafiar al sistema y a articular su proyecto emancipador. Aunque con los resultados de las últimas elecciones locales, producidas con más de un 50% de abstención, se fortalece de manera superestructural la “Unidad Nacional” y el santismo barre con toda oposición institucional, esa institucionalidad está cada vez más aislada, es cada vez más vulnerable ante un pueblo al que no se le ha dejado más opción que luchar. Santos aprueba TLCs que hambrearán a las muchedumbres y las someterán en una situación aún más desesperada que la actual. Sus “locomotoras del desarrollo” arrollan y destruyen las comunidades que quedan a su paso. El gobierno de Santos responde a las protestas de este pueblo de manera militar, con una represión inusitada, pues no saben responder de otra manera. Y con ello cierra todas las puertas a una solución al conflicto social que no sea la vía revolucionaria (que no guerrerista-militarista).

Que no se engañe Santos con sus pírricas victorias militares: su mundo anacrónico de dogmatismo neoliberal, entreguismo pro-imperialista, de exacerbado conservadurismo, es un mundo en retroceso. Los tiempos actuales son tiempos de lucha, de revoluciones, donde las masas vuelven a adquirir protagonismo. Santos radicaliza el conflicto social y armado, que no es solamente bombardeos contra la insurgencia, sino una estrategia militar contra el conjunto del pueblo –ese es el significado del asesinato de Cano. Pero en la medida en que se radicaliza el conflicto, las masas colombianas pueden dar a la oligarquía una buena sorpresa, precisamente en el momento en que se creen invencibles y precisamente por donde no lo esperan.

NOTA:

[1] Un balance del conflicto y la apuesta por la guerra sucia de Santos, la he hecho en un artículo previo “Santos: Luz Verde para la Guerra Sucia en Colombia” http://anarkismo.net/article/20768

 

FARC rechaza llamado a desmovilización de Santos

La guerrilla prometió reemplazar a su líder Alfonso Cano, muerto en combate y cuyo cadáver llegó esta noche a Bogotá, y aseguró que continuará su lucha.

Bogotá  • La guerrilla de las FARC rechazó este sabado el llamado a su desmovilización lanzado por el presidente colombiano Juan Manuel Santos tras la muerte en combate el viernes de su líder Alfonso Cano y prometió reemplazarlo. En la primera reacción a la muerte del líder rebelde, el Secretariado (dirigencia) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) aseguró en un comunicado que continuará en la lucha.

“La paz en Colombia no nacerá de ninguna desmovilización guerrillera, sino de la abolición definitiva de las causas que dan nacimiento al alzamiento. Hay una política trazada y esa es la que se continuará”, señaló la declaración publicada en la página internet de la Agencia Anncol.

“No será esta la primera vez que los oprimidos y explotados de Colombia lloran a uno de sus grandes dirigentes. Ni tampoco la primera en que lo reemplazarán con el coraje y la convicción absoluta en la victoria”, afirmaron en el comunicado los jefes rebeldes.

Previamente, el presidente colombiano -que multiplicó sus intervenciones, tres entre viernes y sábado- aseguró que tras la muerte de Cano, las FARC debían renunciar a las armas y elegir el camino del diálogo y la paz.

“Las FARC, en su carrera absurda de violencia, que ya alcanza casi medio siglo, ha llegado a un punto de quiebre”, advirtió Santos en una alocución radiotelevisada al país. “Cano hubiera podido hacer la paz conmigo, pero perdió la oportunidad (…) décadas de violencia no consiguieron nada, no mejoraron nada, sólo significaron dolor y muerte, sólo ayudaron a perpetuar la pobreza y el atraso”, agregó.

“La puerta del diálogo no está cerrada con llave, pero insisto en que necesitamos señales muy claras, que cese el terrorismo”, dijo antes Santos desde Popayán, capital de Cauca.

Cano, de 63 años, un ex universitario de clase media cuyo verdadero nombre era Guillermo León Sáenz, ascendió al mando máximo de FARC en 2008, luego de la muerte por causas naturales de su fundador, Manuel Marulanda Tirofijo.

Pocos días antes de la investidura del presidente Santos, en agosto de 2010, Cano divulgó un video en el que le llamaba a buscar una salida pacífica al conflicto armado de Colombia, honrando su fama de político dentro de la guerrilla. Pero aparentemente no hubo ningún contacto directo entre la debilitada guerrilla y el gobierno.

Santos consideró que la muerte de Cano es el golpe “más contundente” sufrido por las FARC. “Muchos analistas decían que Cano era irreemplazable por la ascendencia” que tenía en la guerrilla. “Lo que sabemos es que quien lo reemplace no va a tener esa capacidad de mando y control sobre las FARC”, fundadas en 1964, añadió.

Por su parte, la familia de Cano llamó hoy, a través de un comunicado, a la paz de Colombia, al considerar que “esta guerra fratricida ha demostrado ser un holocausto inútil”. Las FARC, que según el ministerio de Defensa tiene unos ocho mil guerilleros, reemplazarán en principio a Cano por algún miembro del “secretariado”.

En su intervención en Popayán, Santos recordó a los rehenes en poder de FARC, 18 de ellos policías y militares. “No los hemos olvidado y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para su liberación”, señaló.

Un grupo de intelectuales liderado por la ex senadora Piedad Córdoba, del Partido Liberal, y ex mediadora en procesos de liberación de rehenes, advirtió hoy en Bogotá que la vida de las personas que las FARC mantienen como rehenes está en peligro por operaciones militares como la que condujo a la muerte en combate de Cano.

El grupo Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP) sostuvo que la intensidad de los bombardeos y operaciones militares ha puesto en riesgo inminente a los veintiún uniformados secuestrados por los rebeldes, así como a comunidades campesinas e indígenas.

Son acciones que “sin ningún miramiento de carácter humanitario descargan su plomo y sus bombas en el afán de obtener victorias militares a cualquier precio”, criticó este colectivo en un comunicado difundido en Bogotá.

La organización CCP se declaró preocupada por la postura del gobierno de Santos favorable a la “confrontación armada” por encima de la “salida política mediante el diálogo y la negociación”. El gobierno “carece de una política verdadera de paz” y “lo único que busca es mantener los privilegios y el lucro que obtiene mediante la guerra”, añadió el colectivo, que se reunió en Bogotá para analizar la desaparición del líder rebelde.

El hecho es un “duro golpe para la paz”, consideró este colectivo, creado para mantener un “intercambio epistolar” con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y también con su par Ejército de Liberación Nacional (ELN). Además, el grupo de intelectuales ha participado en el pasado en la puesta en libertad de militares y policías rehenes de las FARC, una docena de los cuales han sido devueltos por gestiones de facilitación de Córdoba.

A pesar de la muerte de Alfonso Cano”, el colectivo instó a los dos grupos rebeldes a que mantengan las propuestas de diálogo que promueven desde antes de que Santos llegara al poder, en agosto de 2010, y al presidente a que no olvide su oferta con el mismo fin.

El cuerpo de Cano, muerto en combates en el departamento (provincia) de Cauca el viernes por la tarde, fue llevado primero a la morgue de Popayán y en la noche del sábado llegó a Bogotá. Cano, de espesa barba y grandes lentes, se hizo conocido al encabezar la delegación negociadora de la guerrilla en las conversaciones realizadas en Caracas en 1991 y Tlaxcala (México) en 1992.

Posteriormente, participó en los fallidos diálogos con el gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) en la zona del Caguán, en Colombia, donde sin embargo no tuvo un papel destacado. Su muerte siguió a la de Jorge Briceño, alias Mono Jojoy, el líder militar de la guerrilla, abatido en un bombardeo en septiembre de 2010 en Colombia.

En marzo de 2008, el Ejército dio también muerte al entonces número dos de las FARC, Raúl Reyes, en un bombardeo a su campamento en territorio ecuatoriano, a pocos kilómetros de la frontera común.

 

Fuente: lahaine, rebelion, milenio

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