(Fotos) Oakland, E.U.: Manifestación en apoyo a los presxs en huelga de hambre en Pelican Bay. Contra al capitalismo y el sistema penitenciario.

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Ayer por la noche, 50 – 60 personas se reunieron en Telegraph y Broadway en el centro de Oakland para participar en la acción Anticut 3. Pasando esa intersección, la multitud trató de tomar la calle y fue forzada de inmediato de nuevo a la acera por la policía. Lo que siguió fue una mierda Tom y Jerry: Nos gustaría volver a la calle, ser empujados de nuevo a la acera, en un ciclo de eventos al borde, a veces, en el ridículo.

Una vez que llegamos a la instalación del centro de detenciones Glenn Dyer, conectados por una ruta aérea a la corte, que bloquea Clay St. en el séptimo, hicimos cánticos y ruido para los presos en espera de juicio en la cárcel. La gente en el interior se escucharon gritos de vuelta. Algunas personas leyeron partes del comunicado que se están distribuyendo a lo largo de la marcha. Hicieron declaraciones sobre la huelga de hambre en el Pelican Bay. Al salir de la cárcel gritando “vamos a estar de vuelta”, un gran mortero de fuegos artificiales estalló a pocas cuadras de distancia. Coincidencia, por supuesto.

La multitud se trasladó a Broadway de la forma en que llegó, dentro y fuera de la calle. Las tensiones con la policía sufrieron altibajos a lo largo de la marcha, pero no hubo detenciones y la multitud se hizo un buen trabajo en permanecer sólida.

Una vez de vuelta en Broadway, a la gente se le incitó a través de un megáfono para “quedarse”. La razón detrás de esto se hizo evidente que, diez minutos más tarde, un puñado de personas aparecieron por la calle 13 empujando un sistema de sonido hacia la multitud. El sistema de sonido, siempre es impopular con la policía, lo cual reforzó el estado de ánimo de la multitud.

A medida que el sistema de sonido comenzó a tocar (Mac Dre, No Snitch), la policía apreto filas en torno al sistema de sonido y la gente más o menos treinta que aún se mantenían. Las opciones eran escasas cuando la gente se dio cuenta de que no se les permitía salir de la olla. Después de tres canciones y múltiples “montajes ilegales”, advertencias de la OPD, la gente decidió que era hora de irse. La policía dejó que la gente se fuera de unos pocos a la vez, con la esperanza de que nos fueramos a disipar.

Uno de los objetivos implícitos de las acciones Anticut parece estar ampliando nuestra capacidad como antagonistas sociales. Algunos, aún enamorados de “movimiento de masas”, la política, ver la capacidad de correlación con el número de personas en las calles. Esta es sólo una parte de la verdad. Nuestra capacidad como grupo es el resultado de nuestra capacidad como individuos. A los pocos fuertes en las calles podrían tener una capacidad equivalente a una gran multitud, aunque en términos diferentes. Al participar en eventos como Anticuts, que son capaces de desarrollar nuestras capacidades, tanto como individuos y como grupo. Al participar, los que son capaces de practicar la confianza y la confrontación con la policía, cada vez más capaces de defender nuestra postura, tomar riesgos, y cuidar las espaldas.

Por lo tanto, a medida que desarrollemos nuestra capacidad, ¿cómo dirigirla? Dos modestas propuestas: una buena conversación entre amigos y en conflicto con nuestros enemigos.

¡Abajo el Estado Prisión: informe sobre Anticut 3

Anticut 3 se dedica a hacer visibles los vínculos entre la austeridad y la cárcel y se llevó a cabo en solidaridad con los huelguistas de hambre en el Pelican Bay Servicio Penitenciario y en todas las prisiones en California. Al llegar un poco temprano, alrededor de 17:15, mi amigo y yo fuimos golpeados por la intensa presencia policial, en comparación con el Anticuts anterior. Aunque no estaban muy sorprendidos después de la respuesta asimétrica de la última vez, cuando cuatro personas fueron detenidas, estaba claro que la policía había intensificado su presencia en un intento de intimidar.

Nos encontramos con el resto de la gente preparándose para la acción, que comenzó con una mikrophoniki. Rodeado por el grupo de alrededor de 150 personas, entre ellas varios niños con sus padres, diversos oradores utilizaron un megáfono para hablar sobre la relación entre las prisiones y las medidas de austeridad y el papel de las prisiones en la regulación de la sociedad. Un orador leyó la lista de las demandas de los huelguistas de hambre Pelican Bay. Otro orador abordó el reciente asesinato de Charles Hill por dos policías de BART y anunció una acción para interrumpir el BART que tendría lugar el lunes siguiente.

Después de que la mikrophoniki terminó alrededor de las 6:45 pm se inició la marcha por el bloqueo en el centro de Broadway tras una gran pancarta que decía: “Las cárceles FIN / LA ABOLICIÓN DE CAPITAL / en solidaridad w / CA pri $ a la huelga.” Inmediatamente un grupo de policías agentes salió corriendo y se puso justo en frente del grupo que nos impidió marchar por la calle y después de algunas amenazas muy intensas, nuestro bloque se trasladó a la acera. Pero a medida que se volvió a 14o tomamos la calle de nuevo y permaneció allí el tiempo que pudo hasta que nos encontramos con las amenazas de violencia. Yo estaba impresionado por lo bien que el grupo se trasladó juntos y cómo la gente se quedó firme y parecía estar protegiendo a los demás.

Con la masa de la policía (incluyendo camionetas itinerantes arranque, los coches, y por lo menos 30 agentes de a pie) después de intentar acorralarnos, nos dirigimos hasta la cárcel de la ciudad de Oakland, en varias ocasiones tomamos la calle una o dos cuadras y después de vuelta a la acera. En frente de la cárcel, nos mantuvimos firmes y bloquearon la intersección de las calles 7 y Clay, cantando en voz alta-”Adentro! Afuera! Estamos todos en el mismo lado “y” Oakland a El Cairo, Londres y Grecia / Derribar las cárceles, no hay justicia no hay paz “y con la matraca que habíamos traído. Varios discursos se leyeron también, como parte del comunicado publicado en la bahía de la web de Rage. Entre cantos, se oía el estruendo de los presos en el interior de las ventanas de la respuesta. El momento fue interrumpido por un fuego artificial fuerte que parecía venir de unas cuadras de distancia. En ese momento se bloqueó de nuevo y se fue al grito de “¡volveremos!”

Por lo que sabemos, no hubo detenciones relacionadas con la acción.

La austeridad es la cárcel (Comunicado de Anticut 3)

Ahora, por fin, el dinero ha desaparecido. El mundo se ha quedado sin futuro, que se utiliza para arriba, lo gastó en la grotescas fantasías de los ricos, en las tecnologías de la muerte y la alienación, en las ciudades muertas. En todas partes el mismo discurso, las mismas banderas y los titulares: no hay nada para usted. De los EE.UU. a Grecia, desde Chile a España, cualquiera que sea la cara humana del Estado podría haber tenido: ha desaparecido. El Estado ya no es un proveedor de educación o el cuidado, el empleo o la vivienda. Es sólo una fuerza de policía, un sistema penitenciario, una burocracia con armas de fuego. . .

A veces, tal vez, recibir tratamiento para un teatro político: falsificó las expresiones de preocupación o indignación de la hinchada, haciendo muecas enfrente. Pero el resultado es siempre el mismo – en Oakland, en Sacramento, en Washington, en las oficinas del Fondo Monetario Internacional – lo que los dueños de la riqueza queremos, que reciben. El resto de nosotros se sacrifican en el altar de la línea de fondo.

No hay dinero en el que se retirará después de una vida de trabajo de trituración. No hay dinero para ir a la universidad. No hay dinero para las escuelas primarias y secundarias, que cada día mira más cárceles y más como. No hay dinero para el pueblo mutilado, enfermo y enloquecido por esta sociedad insoportable.

Podríamos ir a través de la nueva línea presupuestaria de California por línea, pero que, básicamente, ya saben lo que contiene. No es un presupuesto, pero una porra.Cada línea dice lo mismo: Vete a la mierda. Mueren.

No hay dinero. Y, sin embargo, aún así, vivimos en una sociedad de gran riqueza, casi obscena: bloques de viviendas están vacías, montañas de artículos de lujo exceso de los emporios comerciales, fábricas y aparatos no utilizados se reúnen óxido. Todo ello bajo el hechizo de una extraña alucinación colectiva llamada “propiedad”. Todo ello protegido por la policía y la amenaza de la cárcel. . .

Sí, el dinero se ha ido y no hay futuro. No hay futuro para el capitalismo. Todos los intentos de reforma son ahora tan absurdo como hacer reparaciones en el hogar, mientras que el resto de la casa está en llamas.

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Vivimos, como todos saben, en tiempos de desempleo sin precedentes: Oakland se cuenta ahora con una tasa oficial de desempleo de casi el 16%, una cifra que ni siquiera toma en cuenta aquellos que han abandonado la esperanza del empleo total. Por supuesto, el capitalismo no puede proporcionar el pleno empleo. Incluso en tiempos de abundancia, es necesario para la fabricación de “desempleo”, con el fin de mantener bajos los salarios, asegurándose de que hay varios candidatos para cada puesto de trabajo. Sin embargo, los tiempos son diferentes ahora. Si en el último empleo fue considerada como la norma – es decir, los desempleados visto como la otra empleada caído en tiempos difíciles – “. Desechado” ahora más y más personas son simplemente

Naturalmente, el capitalismo sigue creando las poblaciones más grandes considerados “superfluos” o económicamente innecesaria – informal mercado negro, como el tráfico de drogas convertido en una de las únicas áreas donde se puede hacer una vida medianamente decente. Muchas de las prisiones de California están llenas de delincuentes de la droga simple, una tendencia que continúe. Por lo tanto, al mismo tiempo que el capitalismo crea a estas poblaciones sino que también crea el aparato para hacer frente a ellos en formas cada vez más despiadada: gestionar, fragmento, desplazar y almacén de ellos. Mientras que el capitalismo, una vez trató de controlar las poblaciones a través de bien público, escuelas de formación profesional y proyectos de vivienda, ahora esos programas son incompatibles con los beneficios. Prisiones ocupar su lugar.

Hay que recordar que el sistema penitenciario es una forma de planificación estatal, una forma de ajustar los datos demográficos a fin de que las necesidades del capital se cumplen: el número adecuado de trabajadores flexibles, un nivel aceptable de “crimen”. De la misma manera que una empresa podrían invertir en nuevas fábricas y maquinaria, las cárceles son las inversiones que el capital hace en su propio futuro.Las cárceles son un seguro contra el riesgo de agitación social, especialmente necesario en la actual era de la austeridad profunda. Se hacen promesas a la “comunidad de negocios” que California seguirá siendo una atractiva oportunidad de inversión. Y, por supuesto, las prisiones son rentables para las empresas que suministran el alimento inferior y el cuidado de la salud, para los contratistas de construcción y las personas que dirigen las cárceles privadas, por no hablar de las empresas, de AT & T a Starbucks, que emplean a la cárcel de mano de obra para los peniques en el dólar. En muchas de las áreas desoladas, las zonas rurales de California, que trabajan para una cárcel es el único trabajo en la ciudad. Del mismo modo, en muchos centros urbanos, al ser un prisionero es la única “profesión” que muchos conocen.

Al igual que la austeridad significa prisiones, cada vez más la austeridad es la cárcel, el bloqueo a los pobres en su pobreza impuestas por negar los servicios básicos, educación, vivienda y atención médica. Mandatos de las pandillas son desplegados en las ciudades de California con el fin de gestionar su población joven negro y latino, ahora no puede hacer las mismas cosas que todos debemos hacer más en la faz de la embestida actual: reunirse, se juntan para construir y bonos. Las escuelas públicas asumen el papel de las celdas de detención, mientras que un universo paralelo de la élite de las instituciones educativas privadas nace para servir a las comunidades lo suficientemente ricos como para permitirse el lujo.

Es un lugar tranquilo ahora, relativamente hablando, en las calles estadounidenses.Aún así, uno siente que las nubes de gas lacrimógeno sofocante Atenas y Londres, Santiago y Guangzhou, están más cerca de lo que parecen. En defensa de la austeridad, las protestas no provocado ataque de la policía, como ocurrió durante la última marcha, Anticut 2. Un sistema generalizado de la videovigilancia y circuito cerrado de mano-no ha disminuido. Irracional aumenta la violencia policial como la policía trata las ciudades como territorios ocupados.

Es sólo la idea estrecha que todo el mundo tiene de su propia casa que lo hace parecer natural para salir de la calle a la policía. En la misma medida, entendemos que la cárcel no es algo “allá”: se cuelga sobre la cabeza de todos los que se resisten al actual orden de cosas, tal y como vemos la verdadera cara de la policía cada vez que pasa en las calles. No hay lucha política, ha estado exenta las facciones que ahoran estan encarcelados, y de hecho, muchas luchas viven y mueren sobre la base de sus relaciones con sus compañeros presos. El sistema penitenciario está dirigida tanto hacia el “libre” ya que se dirige hacia la prisión. Se entiende como una seria advertencia para todos nosotros.

Durante las últimas décadas, el número de prisioneros de los EE.UU. se ha cuadruplicado. En la actualidad hay más de 2,5 millones de seres humanos enterrados vivos en estas instituciones. El mayor sistema penal en cualquier lugar: un cuarto de todos los presos en todo el mundo se pudren en las cárceles de EE.UU..Como casi todo el mundo sabe, esta población es mayoritariamente negro y latino. Por esta razón, podemos decir que, tanto como el crecimiento del sistema penitenciario es un síntoma del colapso del Estado de bienestar en el rostro de la desindustrialización, sino que también debe ser considerada como un castigo colectivo de la militancia, la rebelión, y el  conflicto generalizado de la década de 1960 y 70, especialmente en aquellas zonas de la guerra civil en California.

Cárceles de EE.UU. hace mucho tiempo abandonaron la pretensión de “rehabilitación”. Ahora son simples contenedores diseñados para mantener a las “peligrosas”  poblaciones en un estado de suspensión criogénica. Son instrumentos de la “muerte social”. Y la muerte literal. Incluso la Corte Suprema notoriamente conservadora de los EE.UU. decidió que el hacinamiento en las cárceles de EE.UU. constituye un “castigo cruel e inusual.” Ni siquiera se podía pasar por alto la barbarie de un sistema en el que alguien muere cada 6 o 7 días por causas tratables.

Es por eso que decimos que todos los presos son presos políticos, su encarcelamiento el producto de las maquinaciones del poder, los flujos de capital, y los prejuicios estructurales de la policía. Su potencial de rebeldía, de organizar entre ellos y atacar a sus condiciones siempre es asumida por el Estado. Por lo tanto, la creación de la moderna de máxima seguridad y prisiones “supermax”, que generalizan la incomunicación a la totalidad de la población penitenciaria. Estos son sistemas basados ​​en el aislamiento más extremo de los presos, diseñado para eliminar el contacto humano por completo, los mantienen en un estado de privación que, como cualquier número de escritores y los estudios han señalado, causa un daño psicológico permanente. Esto no es accidental, sino el objeto mismo de tales sistemas. Confinamiento solitario prolongado es esencialmente no-quirúrgicos lobotomía – diseñado para quebrar la voluntad de la gente, hacerlos dóciles.

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Ahora, por segunda vez en menos de un año, somos testigos de un gran levantamiento en el sistema penitenciario EE.UU.. Tras los pasos del paro brutalmente reprimidos en Georgia, los presos en la Unidad Especial de Seguridad (SHU) en el Pelican Bay – la prisión de máxima seguridad en el interior del Supermax – han comenzado una huelga de hambre indefinida. Al escribir estas líneas, la huelga de hambre se ha extendido a otras prisiones 10. Más de 6000 personas se negó a comer más de la cuarta semana de julio.

La lectura de las demandas de los huelguistas de hambre en el Pelican Bay, se nota de inmediato por modesto que son. Ellos están dispuestos a morir para que sus condiciones de ponerse en consonancia con las prisiones Supermax en otros estados – una mejor alimentación, educación, alguna posibilidad de bajar del SHU.Lo que esto demuestra es que el Estado está siempre en busca de un ángulo, es decir, que siempre está buscando una manera de engañar a su propio juego. Que quiere producir excepciones a sus propias reglas, produce lugares dentro de la ley que son, al mismo tiempo, fuera de la ley. Por ejemplo, los presos de Pelican Bay son, al igual que los detenidos en la Bahía de Guantánamo, que se celebró en un estado de suspensión legal – una zona indeterminada gris de la decisión administrativa que puede, potencialmente, prolongar su estadía en la Unidad Especial de Seguridad por tiempo indefinido. Pelican Bay es un caso límite para el sistema penitenciario.

Decimos otra vez: todos los presos son presos políticos. Incluso aquellos cuyas acciones reales encontramos aborrecible en una u otra manera sufren como resultado de los crímenes del capitalismo, no el de ellos. Ellos sufren las consecuencias, en otras palabras, de una sociedad en la que la gente ha llegado a ser tan indefenso, y por lo tanto separados unos de otros, que la única respuesta a la violencia interpersonal se ve obligado encierro. Todos los presos son presos políticos. Uno de los hombres en la actualidad en la Unidad Especial de Seguridad en el Pelican Bay es Hugo Pinell, antiguo compañero de George Jackson y sobreviviente de la sublevación de 1971 la cárcel de San Quintín, en sí misma una parte de uno de los relatos más importantes de la historia estadounidense, la resistencia abierta de la Negro Partido de las Panteras y sus afiliados en la guerra civil de los años 1960 y 1970.

No hay austeridad sin cárceles. No hay capitalismo sin cárceles. No hay posibilidad de un “daltónico” industrial de las prisiones y el sistema penal del estado. En la misma medida, creemos que la destrucción del capitalismo significa, en una y la misma hora, la abolición de las prisiones y el régimen de confinamiento forzado que se ha extendido por toda la tierra de los últimos siglos. A todos los presos, todos tenemos algo que decir: estamos llegando. Tan pronto como nos sea posible.

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Postcript: Cuando estábamos terminando esta obra, hemos descubierto que la policía de BART han asesinado a otra persona – esta vez en San Francisco. Quieren hacernos creer que un “borracho tambaleante” con un cuchillo merece ser muerto a tiros en un minuto de los oficiales que llegan a la escena. Por otra parte, tienen la sensación de un golpe potencial de relaciones públicas: porque la víctima era “blanco”, y uno de los agentes implicados “asiáticos”, la policía de BART no podía ser una institución racista! Aún más insultante es la implicación adicional de que el blanco de la sospecha de alguna manera debe sofocar toda indignación, como si los que protestaron por el asesinato de Oscar Grant en enero de 2009, y una vez más el pasado 8 de julio, cuando el veredicto de Mehserle fue anunciado, sólo se preocupaba por el “racista” parte de “asesinato racista de la policía.” Nos oponemos a los asesinatos policiales, y punto.

No se puede prender fuego a las cárceles a menos que primero se destruya a la policía.Vamos a hacerlo ahora.

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Anticut 3
Oakland, CA
08 de julio 2011

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Last night, 50 – 60 people met at Telegraph and Broadway in downtown Oakland to participate in the third Anticut action. Moving from that intersection, the crowd tried to take the street and was immediately directed back onto the curb by the police. What followed was some Tom and Jerry shit: We would move back into the street, be pushed back to the sidewalk, in a cycle of events verging, at times, on ridiculous.

Once we arrived at the Glenn Dyer detention facility, connected by a skyway to the courthouse, we blocked Clay St. at 7th to chant and make noise for the prisoners awaiting trial in the jail. People on the inside were heard yelling back. A few people read parts of thecommunique that was being distributed along the march. Statements were made about the hunger strike at Pelican Bay. As we left the jail chanting “we’ll be back”, a large mortar-type firework exploded a few blocks away. Coincidence, of course.

The crowd  moved back to Broadway much the way we came, in and out of the street. Tensions with the police waxed and waned along the march, but no arrests were made and the crowd did a fair job of staying solid.

Once back on Broadway, people were told over a megaphone to “stick around”. The reason behind this became clear as, ten minutes later, a handful of people appeared down 13th St. pushing a sound system towards the crowd. The sound system, always unpopular with the police, bolstered the mood of the crowd.

As the sound system began playing (Mac Dre, Don’t Snitch), the police tightened ranks around the sound system and the thirty or so people who remained. Options got a bit scarce when people realized that they weren’t being allowed to leave the kettle. After three songs and multiple “illegal assembly” warnings from the OPD, folks decided it was time to go. The police let people go a few at a time, hoping that we would disperse, and, unexpectedly, let the sound system go too.

Without the constant social upheaval present in places like Greece or Chile, social antagonists living in the United States have much to learn about how to roll in the streets. So, after the arrests made at Anticut 2, which were more or less the result of loose formation, a flier was distributed at Anticut 3 with some basic tips about how to hold oneself in the streets.

One implicit goal of the Anticut actions seems to be expanding our capacity as social antagonists. Some, still enamored with “mass movement” politics, see capacity correlated to the number of people on the streets. This is only part of the truth. Our capacity as a group is the result of our capacity as individuals. A strong handful people in the streets might have a capacity equivalent to a large mob, albeit on different terms. By participating in events such as Anticuts, we are able to develop both our capacities as individuals and as a group.  By participating, we are able to practice confidence and confrontation with the police, becoming increasingly able to stand our ground, take risks, and have each other’s backs.

As the anticut crew learns and develops their tactical abilities, so do the police. After the arrests at Anticut 2, the police seemed content to manage the march and stay on the sidelines as a threat. Their presence was heavy, but it seemed obvious they had been instructed not to arrest anyone. The police are seeking to neutralize the Anticut actions, allowing them as long as they are purely spectacular. The pitfall of this, as everyone in the Anticut crew probably already knows, is resistance that becomes a ritual. Keeping actions creative and fresh is one way to avoid recuperative tendencies. But it isn’t enough to avoid recuperation, we have to also take space for ourselves and precipitate nascent conflicts. As we act in the absence of a social movement, we are not wedded to any form particularly, except the ones that suit us. A revolt against austerity is a revolt that can, even if it hasn’t yet, become more generalized (that’s sort of the point, isn’t it?).

So, as we develop our capacity, how do we direct it? Two modest proposals: good conversation among friends and conflict with our enemies.

Tear Down the Prison State: report on Anticut 3

Anticut 3 was dedicated to making visible the links between austerity and prison and was carried out in solidarity with the hunger strikers at Pelican Bay Correctional Facility and at all the prisons across California. Arriving a bit early—around 5:15 p.m.—my friend and I were struck by the intense police presence, compared to the previous Anticuts. While we weren’t very surprised after the asymmetrical response last time, when four people were arrested, it was clear that the police had stepped up their presence in an attempt to intimidate us. They were too numerous to be counted, posted in large groups around the meeting point on the triangle at the intersection of Broadway and Telegraph—they had even pulled a big SUV onto the triangle and surrounded it with police. Cops kept asking where we were going, offering to assist us, but we didn’t respond.

We met up with the rest of the people getting ready for the action, which started with a mikrophoniki. Surrounded by the group of about 150 people, including a few kids with their parents, various speakers used a megaphone to discuss the relationship between prisons and austerity measures and the role of prisons in regulating society. One speaker read the list of demands from the Pelican Bay hunger strikers. Another speaker addressed the recent murder of Charles Hill by two BART police and announced an action to disrupt BART that would take place the following Monday.

After the mikrophoniki finished at about 6:45 p.m. we began our march by blocking up in the middle of Broadway behind a large banner reading “END PRISONS / ABOLISH CAPITAL / in solidarity w/CA pri$on strike.” Immediately a group of police officers ran out and stood directly in front of the group to prevent us from marching up the street and after some pretty intense threats, our block moved onto the sidewalk. But as we turned onto 14th we took the street again and remained there as long as we could until we were met with threats of violence. I was impressed by how well the group moved together and how people stayed tight and seemed to be protecting each other.

With the mass of police (including roving snatch vans, cars, and at least 30 officers on foot) following and attempting to corral us, we made our way down to the Oakland City jail, repeatedly taking the street for a block or two and being pushed back onto the sidewalk. In front of the jail, we stood our ground and blocked the intersection of 7th and Clay streets, chanting loudly—“Inside! Outside! We’re all on the same side!” and “Oakland to Cairo, London to Greece / Tear down the jails, no justice no peace!”—and using the noisemakers we’d brought. Several speeches were also read, including part of the communiqué posted on the Bay of Rage website. Between chants, we could hear the prisoners inside banging on the windows in response. The moment was punctuated by a loud firework which seemed to come from a few blocks away. At that point we blocked up again and left, chanting “we’ll be back!”

The return was slightly more relaxed, but in general the police still threatened us for walking in the street and tried their best to keep us on the sidewalk. As we reached the 12th St. Oakland City Center BART station, people stuck around on the corner talking until about 20 minutes later some people pushing a sound system appeared. As soon as that happened the cops, who had been standing around watching, moved in quickly. We surrounded the equipment to defend it, and when Mac Dre’s “Don’t Snitch” came on many of us started dancing. But the police formed a tight circle around us, effectively kettling us and preventing anyone from leaving. It felt very sketchy to be so vulnerable. Eventually the police let people leave a few people at a time, and even let the sound system leave as well. Followed by a line of about 30 cops, people walked down 12th shouting “Fuck the police!” and dispersed.

As far as we know, there were no arrests connected to the action.

read Austerity Is Prison, the communique handed out at Anticut 3, here

the above photos are taken from indybay. check out the full photo essay from last Friday:
anticut 3 photo essay part 1
anticut 3 photo essay part 2

Austerity Is Prison (Communique from Anticut 3)

Now, finally, the money is gone. The world has run out of future, used it up, wasted it on the grotesque fantasies of the rich, on technologies of death and alienation, on dead cities. Everywhere the same refrain, the same banners and headlines: there is nothing left for you. From the US to Greece, from Chile to Spain, whatever human face the State might have had: gone. The State is no longer a provider of education or care, jobs or housing. It is just a police force, a prison system, a bureaucracy with guns. . .

Sometimes, maybe, we get treated to some political theater: faked expressions of concern or outrage from the puffy, grimacing faces. But the result is always the same – in Oakland, in Sacramento, in Washington, in the offices of the IMF – whatever the owners of wealth want, they get. The rest of us are sacrificed on the altar of the bottom line.

No money on which to retire after a lifetime of crushing work. No money to go to college. No money for the grade schools and high schools, which every day look more and more like prisons. No money for the people maimed, sickened and driven insane by this unbearable society.

We could go through the new California budget line by line, but you basically already know what it contains. It’s not a budget but a bludgeon. Every line says the same thing: Fuck you. Die.

There is no money. And yet, still, we live in a society of vast, almost obscene wealth: blocks of homes sit empty, mountains of luxury goods glut the shopping emporia, unused factories and equipment gather rust. All of it under the spell of a strange collective hallucination called “property.” All of it protected by cops and the threat of prison. . .

Yes, the money is gone and there is no future. No future for capitalism. All attempts at reform are now as absurd as making home repairs while the rest of the house is on fire.

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We live, as everyone knows, in times of record unemployment: Oakland itself now has an official unemployment rate of nearly 16%, a figure which does not even take into account those who have abandoned the hope of employment altogether.  Of course, capitalism can never provide full employment.  Even in times of plenty, it needs to manufacture “joblessness” in order to keep wages down by making sure there are multiple applicants for every job. Still, times are different now. If in the past employment was seen as the norm – that is, the unemployed seen as the otherwise employed fallen on hard times – now more and more people are simply “cast off.”

Naturally, as capitalism continues to create larger and larger populations deemed “superfluous” –or economically unnecessary – informal black markets like the drug trade become one of the only areas where one can make a halfway decent living. Many of California’s prisons are bursting with simple drug offenders, a trend which will only continue. Therefore, at the same time as capitalism creates these populations it also creates the apparatus to deal with them in ever more ruthless ways: to manage, fragment, displace and warehouse them. Whereas once capitalism sought to manage populations through public welfare, vocational schools, and housing projects, now such programs are incompatible with profits. Prisons take their place.

We should remember that the prison system is a form of state planning, a way of adjusting demographics so that the needs of capital are met: the right number of pliant workers, a tolerable level of “crime.” In the same way that a company might invest in new factories and machinery, prisons are investments that capital makes in its own future. Prisons are insurance against the risk of social upheaval, especially necessary in the present era of deepening austerity. They make promises to the “business community” that California will continue to be an attractive investment opportunity. And, of course, prisons are profitable for the companies who supply their inferior food and health care, for the building contractors and the people who run private prisons, not to mention the companies, from AT&T to Starbucks, that employ prison-labor for pennies on the dollar. In many of the desolate, rural areas of California, working for a prison is the only job in town. Likewise, in many urban centers, being a prisoner is the only “occupation” many will know.

Just as austerity means prisons, increasingly austerity is prison, locking the poor into their imposed poverty by denying basic services, education, housing and health care. Gang injunctions are deployed across California’s cities in order to manage their young black and Latino populations, now unable to do the very things we all should do more of in the face of the current onslaught: to meet, to congregate and build bonds. Public schools assume the role of holding cells, while a parallel universe of elite private educational institutions springs up to serve communities wealthy enough to afford them.

It is quiet now, relatively speaking, on the American streets. Still, one senses that the clouds of tear gas suffocating Athens and London, Santiago and Guangzhou, are closer than they seem. In defense of austerity, the police attack protests unprovoked, as happened during our last march, Anticut 2. A pervasive system of handheld and closed-circuit video surveillance continues unabated. Irrational police violence increases as police treat cities as occupied territory.

It is only the narrow idea that everybody has of their own home that makes it seem natural to leave the street to the police. By the same measure, we understand that prison is not something “over there”: it hangs over the head of all of us who would resist the current order of things, just as we see the real face of the police every time we step in the streets. No political struggle has ever been without its imprisoned faction, and indeed, many struggles live and die based on their relations with their imprisoned comrades. The prison system is as much addressed toward the “free” as it is addressed toward the imprisoned. It is meant as a stern warning to all of us.

Over the last few decades, the number of US prisoners has quadrupled. There are now over 2.5 million humans buried alive in these institutions. The largest penal system anywhere: a quarter of all prisoners the world over are rotting in US prisons. As almost everyone knows, this population is overwhelmingly black and Latino. For this reason, we say that, just as much as the growth of the prison system is a symptom of the collapse of the welfare state in the face of deindustrialization,  it should also be regarded as collective punishment for the militancy, revolt, and generalized conflict of the 1960′s and 70′s, especially in those zones of civil war located in California.

US prisons long-ago abandoned even the pretense of “rehabilitation.” They are now simply containers designed to hold “dangerous” populations in a state of cryogenic suspension. They are instruments of “social death.” And literal death. Even the notoriously conservative Supreme Court of the US decided that the overcrowding in US prisons constituted “cruel and unusual punishment.” Not even they could ignore the barbarity of a system where every 6 or 7 days someone dies due to treatable causes.

This is why we say that all prisoners are political prisoners, their incarceration the product of the machinations of power, the flows of capital, and the structural prejudices of the police. Their potential to revolt, to organize amongst themselves and attack their conditions is always assumed by the state. Hence, the creation of the modern maximum-security and “Supermax” prisons, which generalize solitary confinement to the entirety of a prison population.  These are systems predicated upon the most extreme isolation of prisoners, designed to remove them from human contact entirely, hold them in a state of deprivation which, as any number of writers and studies have pointed out, causes permanent psychological damage. This is not accidental but the very purpose of such systems. Extended solitary confinement is essentially non-surgical lobotomy – designed to break people’s will, render them pliant.

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Now, for the second time in less than a year, we witness a major uprising in the US prison system. Following on the heels of the brutally repressed work stoppage in Georgia, prisoners in the Security Housing Unit (SHU) at Pelican Bay – the Supermax prison inside the Supermax – have begun an indefinite hunger strike. As of this writing, the hunger strike has spread to 10 other prisons. More than 6000 people refused food over the 4th of July weekend.

Reading the demands of the hunger strikers at Pelican Bay, one notes immediately how modest they are. They are willing to die in order to have their conditions brought into line with Supermax prisons in other states – better food, education, some possibility of getting off the SHU. What this demonstrates is that the State is always looking for an angle; that is, it is always looking for a way to cheat at its own game. It wants to produce exceptions to its own rules, produce places within the law that are, at the same time, outside the law. For example, the prisoners at Pelican Bay are, like the detainees at Guantanamo Bay, held in a state of legal suspension – an indeterminate gray area of administrative decision which can, potentially, extend their stay on the SHU indefinitely. Pelican Bay is a limit case for the prison system.

We say again: all prisoners are political prisoners. Even those whose actual actions we find abhorrent in one way or another suffer as the result of capitalism’s crimes, not theirs. They suffer the consequences, in other words, of a society in which people have become so defenseless, and so alienated from each other, that the only response to interpersonal violence is forced confinement. All prisoners are political prisoners. One of the men currently on the SHU at Pelican Bay is Hugo Pinell, former comrade of George Jackson and survivor of the 1971 San Quentin prison uprising, itself a part of one of the most significant narratives in American history, the open resistance of the Black Panther Party and its affiliates in the civil war of the 1960s and 1970s.

There is no austerity without prisons. No capitalism without prisons. No possibility of a “colorblind” prison-industrial system and penal state. By the same measure, we believe that the destruction of capitalism will mean, at one and same time, the abolition of prisons and the regime of forced confinement that has spread over the earth for the last several centuries. To all those in prison, we have one thing to say: we are comingAs soon as we can.

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Postcript: As we were finishing up this piece, we discovered that BART police have murdered yet another person – this time in San Francisco. They want us to believe that a “wobbly drunk” with a knife deserves to be shot dead within a minute of officers arriving on the scene. Moreover, they sense a potential public relations coup: because the victim was “White,” and one of the officers involved “Asian,” BART police could not possibly be a racist institution! Even more insulting is the additional implication that the whiteness of the suspect should somehow quell all outrage, as if those of us who protested the murder of Oscar Grant in January 2009, and yet again last July 8th when Mehserle’s verdict was announced, only cared about the “racist” part of “racist police murder.” We oppose police murder, period.

You can’t set fire to the prisons unless you first destroy the police. Let’s do that now.

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Anticut 3
Oakland, CA
July 8, 2011

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pdfs of trifold handout, front and back (8.5 x 14):

trifoldfront

trifoldback

 

Traducido por saboteamos.info

Fuente: http://waronsociety.noblogs.org/post/2011/07/13/oakland-ca-austerity-is-prison-demonstration-in-solidarity-with-prison-hunger-strike/

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