México: Educación autónoma Zapatista

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zapatismo La guerra de baja intensidad (GBI) no sólo ataca mediante mecanismos militares, sino de manera esencial con mecanismos políticos, económicos, sociales y culturales “capaces de destruir económicamente al grupo revolucionario y su tejido social, así como la transformación de la identidad y valores éticos de la población” (Perez 2002). Para analizar el rubro denominado “Acción Cívica o Labor Social” desde la comunidad y desde la perspectiva de los niños, tendremos que remitirnos al ámbito escolar.

La confrontación que se genera entre la Educación oficial y la Educación autónoma nace de la propia concepción que se tiene sobre las alternativas de desarrollo para los Pueblos indígenas: Mientras la escuela oficial intenta desvanecer a los Pueblos indígenas dentro de un sistema occidental para que puedan integrarse al estado Nación; bajo la premisa de que hay que preparar a los niños para sus condiciones futuras: urbanización del campo y la migración. En la Escuela autónoma se intenta fortalecer la cosmovisión indígena y el sentido de pertenencia a un territorio, fortaleciendo los lazos comunitarios y los elementos identitarios que le dan cohesión, con la idea de que el medio rural todavía puede ser sustentable.

Estos dos pensamientos se confrontan en la cotidianidad, creando más división y conflicto en los ejidos. Como observamos la GBI, no sólo es la militarización y paramilitarización, sino la política y la ideología que se transmite a través de los medios de comunicación, instancias gubernamentales y la propia escuela oficial que busca dividir el tejido comunitario.

En la escuela oficial, no siempre se respeta ni se valora la cosmovisión indígena, el pensamiento occidental es el único que tiene cabida, los proyectos de despensas y becas enseñan a los niños no-zapatistas que asisten a esta escuela a ser individualistas y competitivos, además de que genera con sus contenidos, ajenos al mundo rural, el desapego a su territorio, comunidad, lengua y tradiciones como lo expresan en sus testimonios:

“Cuando tenga mis papeles voy a Jalisco a trabajar” Manuel 11 años

“En mi casa ya no se habla tseltal, mis papás dicen que el español es más chingón, porque podemos salir a trabajar en cualquier lugar, también quiero hablar inglés…” Toribio 11años.

“Yo quiero estudiar en la ciudad, ser médico, maestro, ser mero caxlán (mestizo)” Oscar 12 años.

“Mi papá le entró al Procede, ya somos dueños de nuestra tierra, dice que vamos a venderla y nos vamos a ir a Palenque” Ruperto 11 años.

Mientras para los niños no zapatistas, los proyectos de despensas y becas representan una alternativa de desarrollo, para los niños zapatistas aceptar este tipo de proyectos les quita su autonomía y su ser zapatista, porque al ser implementados de manera vertical desde el gobierno, les quita la posibilidad de fortalecer la autonomìa de los pueblos. Cuando les preguntamos a estos niños por qué se asumen “niños en resistencia” ellos contestaron:

“Porque no recibimos nada del gobierno y defendemos a la madre tierra” María 12 años.

“Los proyectos de gobierno son parte de la guerra silenciosa del chopol ajualil (mal gobierno) que lastima nuestro corazón para que nos rindamos, y sí duele… sobre todo cuando estás más chiquito y no sabes por qué luchas” Juanito 12 años.

“Claro que se te antojan las galletas que da el gobierno, los dulces de los soldados, quieres pelotas, calculadoras, quieres de todo lo que te regalen, también quieres becas para comprarte ropa, zapatos buenos para tus hermanitos. Pero después ves que se cambian mucho los niños oficiales, que se burlan de los abuelitos y de los que somos campesinos, que ya no quieren la madrecita tierra, ni usar el traje tradicional de las nantik (mujeres) y hasta les da pena hablar tseltal, no creemos que eso sea bueno” Pedro 11 años.

“Esos proyectos no solucionan las demandas del pueblo, sólo quieren acabarnos” Maria, 11años.

La asistencia a una u otra escuela, orilla a los niños tseltales a identificarse con un grupo y a distinguirse del otro, apropiándose de valores, símbolos, formas organizativas y principios propios de estos espacios, incorporándolos a su vivir cotidiano.

En la escuela oficial hay poca libertad los niños no pueden opinar y a veces se les castiga de manera muy dura cuando no hablan español o no entienden. Incluso hay maestro que llegan a decirles que su lengua es una “lengua de perros que deben de civilizarse”. Sin embargo, los “proyectos compensatorios” legitiman esta forma de enseñanza ante los ojos de los adultos y de los propios alumnos como podemos observar en los siguientes testimonios de niños no-zapatistas:

“Sí castigan mucho en esta escuela, pero sólo a los que no hablan español o no traen el uniforme limpio, pero aprendes cosas muy interesantes de la ciudad y de otros países. En la escuela autónoma sólo se la pasan jugando y hablando de cosas de las comunidades que ya de por sí sabemos…”Marcelino 11 años.

“Una vez, cuando era chiquito, llegué con las manos sucias, el maestro me enterró una aguja en las uñas para que aprendiera, lloré mucho, siempre me lavo las manos antes de llegar a la escuela” Mariano 11 años.

“En mi casa ya nadie habla la lengua, hablamos puro español, mi papá dice que le eche ganas a la escuela para que me pueda ir a trabajar a Estados Unidos” Evaristo 11 años.

La violencia cultural que se ejerce hacia estos niños, por parte de algunos maestros oficiales, genera que los niños no zapatistas, asimilen su supuesta inferioridad cultural ante la cultura de occidente. Los niños crecen con una identidad estigmatizada, humillados por ser indígenas, renegando de su cultura y de su condición de campesinos, por lo que salen a buscar fuera de su comunidad otra forma de vida, que casi nunca corresponde a sus sueños.

En la educación autónoma, a su vez, nace de la idea de que los saberes se complementan con el saber de todos, incluido el de los niños. Algunas veces los padres de familia, dicen que sus niños no están aprendiendo nada, porque no les dejan planas, ni los obligan a hablar español, salen a jugar y a pasear por la comunidad en lugar de estar en su salón. Ante estas críticas, lo que los promotores hacen es realizar pláticas con los adultos, para explicarles que en esta educación se usa como libro la comunidad y como eje las demandas zapatistas; sin embargo, a decir de los promotores de “educación verdadera”, “Es difícil quitar los vicios aprendidos de la escuela oficial”.

Para los zapatistas, los niños son muy importantes, son los que pueden dar continuidad a su proyecto de Autonomía, motivo por el cual intentan explicarles el porqué se levantaron en armas, por qué resisten y defienden su territorio. Los promotores tseltales-zapatistas, nos explicaban, que se busca que el niño tenga fuerte su corazón, para ser libre y autónomo, pero también que tenga un buen corazón para respetar la palabra y la cultura de las comunidades. Sin embargo es difícil encontrar un equilibrio.

Pero a todo esto, qué piensan los niños de la escuela autónoma:

“En la escuela autónoma, nos hablan en tseltal, podemos decir lo que pensamos y no hay castigos” Gloria 11 años.

“Me gusta la escuela autónoma porque respetan mi palabra y no me dicen cosas feas” Julia 9 años.

“Hablamos de la madre tierra, del sombrerón, de las leyendas de nuestros abuelitos mayas, es muy interesante” José 9 años.

“Jugamos y aprendemos nuestros derechos y lo que hace el gobierno en contra de nuestras comunidades” Manuel 12 años.

Para los niños la escuela zapatista no sólo es un salón de clases sino un espacio de reflexión, donde ellos dicen lo que sienten y piensan, además de que es donde construyen su propia forma de ser autónomos y diferenciarse de los niños no zapatistas.

[1] Angélica Rico Responsable del proyecto de Resistencia de los Niños Zapatistas ante la Guerra de Baja Intensidad en Chiapas, México, del colectivo Puente a la Esperanza (1994-2011)

http://www.cgtchiapas.org/noticias/angelica-rico-educacion-autonoma-zapatista

 

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