Las elecciones presidenciales de Perú de abril 2011

This entry was posted by on Sábado, 1 enero, 2011 at

El triunfo con casi el 40 por ciento de los votos en las elecciones municipales en Lima en octubre del 2010 de Susana Villarán, una demócrata defensora de los derechos humanos, feminista, dirigente del pequeño partido descentralista Fuerza Social, fue una sorpresa para muchos porque dos meses antes apenas aparecía en las encuestas de opinión. Pero no lo fue para quienes siguen de cerca la política peruana de fondo, ya que el crecimiento económico tan pregonado por Alan García ha despertado una oleada de conflictos en distintas zonas del país por el abuso que se está haciendo de los recursos naturales. Se perfila una candidatura del ecologismo popular.

El triunfo con casi el 40 por ciento de los votos en las elecciones municipales en Lima en octubre del 2010 de Susana Villarán, una demócrata defensora de los derechos humanos, feminista, dirigente del pequeño partido descentralista Fuerza Social, fue una sorpresa para muchos porque dos meses antes apenas aparecía en las encuestas de opinión. Pero no lo fue para quienes siguen de cerca la política peruana de fondo, ya que el crecimiento económico tan pregonado por Alan García ha despertado una oleada de conflictos en distintas zonas del país por el abuso que se está haciendo de los recursos naturales. Al expolio de la Amazonía (con más de 100,000 km de líneas sísmicas de exploración de petróleo) se unen conflictos mineros en la Sierra y conflictos por el uso del agua para cultivos de exportación en la Costa. El crecimiento económico está mal medido, al no restarle los daños a la naturaleza, y además está muy mal repartido socialmente. Todo eso se refleja en la población de Lima (una tercera parte de la población total) y más se nota en lo que los limeños llaman “las provincias”.

Aumenta la consciencia indígena aunque con retraso respecto a lo ocurrido en Bolivia y Ecuador. Eso se expresa en organizaciones como AIDESEP en la Amazonía (cuyo líder Alberto Pizango tuvo que exiliarse durante más de un año, a partir de junio del 2009, por la violencia desatada en Bagua en las protestas contra las leyes de privatización de la selva al amparo del tratado de libre comercio con Estados Unidos). Hay también la Conacami, la coordinadora de comunidades afectadas por la minería, y otros grupos. Se ha formado el APHU, un partido (que no tiene aun registro oficial) con Pizango de líder.

La confluencia del APHU, Fuerza Social y otros grupos está fomentada por Tierra y Libertad, un nuevo movimiento nacido de los conflictos ambientales. El coordinador nacional de Fuerza Social, Gustavo Guerra García, anunció el 30 de noviembre que estaban a punto de sellar una coalición electoral con Tierra y Libertad de Marco Arana y esperaba concretar una confluencia con otras 13 organizaciones regionales. Esa coalición y confluencia, si se produjera en los próximos días, podría designar por votación interna como candidato presidencial a Marco Arana. Dentro de Fuerza Social hay quienes, crecidos por el triunfo en las elecciones municipales de Lima, sueñan en ir solos a las elecciones presidenciales. Sería una lástima.

Esta posible candidatura de Confluencia, con Marco Arana de candidato, sería totalmente distinta de la del Partido Nacionalista de Ollanta Humala, que es “nac-pop” (nacionalista y populista). Tendría mucho contenido ecologista aunque el programa mínimo de la Confluencia propuesto por Tierra y Libertad todavía habla de desarrollo sostenible y no del Sumaq Kawsay (buen vivir, como en la Constitución de Ecuador de 2008), y no habla tampoco todavía de los Derechos de la Naturaleza ni del post-extractivismo. El desarrollo es una ruta uniforme donde los “subdesarrollados” han de seguir el ejemplo de los “desarrollados”. Ese sería el camino político de Vargas Llosa más que el de Marco Arana (o el de intelectuales peruanos que le han precedido como José María Arguedas y Alberto Flores Galindo). La candidatura de Marco Arana defendería la plurinacionalidad, exigiría Evaluaciones de Impacto Ambiental hechas por el estado y no por las multinacionales, defendería la despenalización del aborto con indicación terapéutica, pediría reformas fundamentales en el régimen fiscal de las compañías mineras, pediría también que se respeten los resultados de los referendums locales o consultas previas sobre proyectos de minería, combustibles fósiles, de hidroeléctricas, y grandes proyectos de plantaciones para agrocombustibles o productos de exportación. El agua debe ser considerada un derecho humano.

El propio Marco Arana es un cura de pueblo a quien le gusta más escuchar que hablar, con un master en sociología en la Universidad Católica en Lima, estudios de teología en Roma y de gestión ambiental y de políticas públicas en Washington, que procede políticamente de la manera más directa y evidente de la Teología de la Liberación de tanto arraigo en el Perú de los años 1970. El es combatido con saña y responde con claridad en defensa propia y de un estado laico al cardenal Cipriani del Opus Dei y otros obispos de esa “Santa Mafia” cuyo crecimiento se originó en la España franquista. El Opus Dei proporcionó varios ministros al general Franco. Da gusto ver la pelea entre el Opus Dei y ese cura de parroquia, cuyo prestigio viene de años de resistencia con los campesinos de Cajamarca contra la gran empresa de minería de oroYanacocha (de la Newmont y otros propietarios incluida la IFC del Banco Mundial). Un cura que ha recibido varios premios internacionales de ecologismo y pacifismo antes de incorporarse a la política electoral, alguien que ayudó a conseguir gandhianamente que la minera Yanacocha tuviera que respetar el cerro Quilish en Cajamarca, un cura con raíces profundas en la Teología de la Liberación. Marco Arana es ahora un predicador del ecologismo de los pobres y posible candidato (con poca ambición personal) a la presidencia del Perú, mal que le pese al cardenal del Opus Dei y amigo de Fujimori.

La construcción de la Confluencia está dificil. Abarcaría desde Fuerza Social a movimientos regionales de izquierda, al APHU y al MNI, tal vez a otros partidos de izquierda como el partido socialista, pasando por el nuevo movimiento Tierra y Libertad (cuyo primer congreso fue en abril del 2010). Es decir, se parece a la confluencia que llevó a Susana Villarán al triunfo en Lima pero con nuevos y complicados aliados, el ADHU, los movimientos regionales, y organizaciones de la sociedad civil. En Fuerza Social hay quienes piensan que aliarse a partidos como el APHU (partido de los “indios”) o el MNI (Patria Roja, de origen maoísta) es demasiado radical. ¿Cómo meter juntos en una candidatura a gatos y pericotes? Sólo al darse cuenta que tienen depredadores comunes. Por cierto, la acusación por la prensa (una prensa muy mentirosa) de vinculaciones con grupos violentos ya se dio en la campaña de Susana Villarán y se esgrimiría aunque también sea falsa contra Marco Arana.

La vieja izquierda marxista de Diez Canseco que había llegado a veces al parlamento, debería sumarse a la confluencia, debería ser generosa con los jóvenes de Tierra y Libertad y no persistir en la incomprensión hacia el ecologismo popular. Hay nuevas figuras como la regidora de Lima por TyL, Marisa Glave, quien aun no cumplió los 30 años, que pueden hacer de puente entre grupos de la izquierda limeña tan dados al canibalismo, mientras los movimientos regionales de izquierda serían otra fuerza esencial en la confluencia.

Lo que ocurre en Perú no son sólo maniobras pre-electorales sino un indicador de un cambio social y generacional hacia un estado peruano más moderno, donde la corrupción sea castigada, donde se admita el pluralismo cultural y la plurinacionalidad, que de más recursos fiscales a las regiones, que sea menos represivo de la libertad sexual, que no se venda ya al neoliberalismo (el APRA neoliberal de Alan García ha resultado ser tan corrupta como el Peronismo neoliberal de Menem) pero que no lo sustituya por caudillismos “nac-pop”. Un cambio donde se exprese también un ecologismo popular latinoamericano, donde el debate post-extractivista cobre fuerza, donde se deje de adorar el dinero y de sacrificar a la naturaleza y a los pobres en el altar de PIB.

En las recientes elecciones de Brasil, Marina Silva, nacida políticamente del ecologismo popular, obtuvo 20 por ciento del voto en la primera vuelta. Ella no tuvo apoyo de las grandes empresas de obras públicas constructoras del IIRSA. Tanto en la campaña de Dilma Rousseff, como en la de su principal opositor José Serra, las empresas Odebrecht, Camargo Correia y Andrade Gutiérrez fueron las mayores financiadoras, según afirmó el Procurador de la República del Brasil del estado de Pará, Felicio Ponte, en el Tercer Encuentro de Ciencias Sociales y Represas iniciado el 1 de diciembre en Belem. Ese apoyo financiero indica muy bien los cambios habidos en América latina, donde el capital internacional se alía con el capital nacional (de empresas privadas o publicas, como Petrobrás) en un modelo económico expoliador. En Perú, hay mucha oposición potencial a ese modelo de los movimientos indígenas en la Selva y en la Sierra que defienden sus territorios contra la minería, la extracción de hidrocarburos, las grandes represas, las grandes plantaciones de palma de aceite.

Hasta que se confirme la candidatura de la Confluencia posiblemente encabezada por Marco Arana, no se puede saber qué grado de aceptación podría tener. Si la recién elegida alcaldesa de Lima, Susana Villarán, apoyara de manera explícita y entusiasta la Confluencia con Marco Arana de candidato, eso sería sin duda ampliamente recogido en los medios de comunicación. La presencia en la Confluencia de organizaciones indígenas y de movimientos regionales ayudaría en todo el país. El propio Marco Arana sería sometido a una dura campaña de escrutinio de su vida privada y de falsas acusaciones.

Su ecologismo será denunciado con toda la fuerza de que sea capaz la derecha y tal vez también la izquierda más anticuada. Ya la prensa asegura que como consecuencia del trabajo que realizan el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca, las ONG, la Red Muqui y los activistas ambientales, encabezados (dicen ellos) por Marco Arana, no sólo la expansión de las actividades de la Minera Yanacocha ha caído en Cajamarca, sino que esta región recibe menos canon y regalías para obras sociales y el Estado tiene menos recaudación, es decir, menos dinero para construir escuelas, carreteras y hospitales. Según la visión de esa prensa, Marco Arana, ya antes de ser candidato a presidente, le cuesta al país cada año cientos de millones de dólares de inversiones que no se realizan.

Desde luego, la oposición a la minería y a la destrucción de la naturaleza no se puede personalizar así. Es un fenómeno colectivo, popular. Cierto es que si se sacara y vendiera más oro, las compañías mineras como Yanacocha ingresarían más dinero, pagarían más royalties y pagarían más salarios. Pero en la cuenta hay que incluir también los daños sociales y ambientales, es decir, la contaminación del agua, la destrucción de tierras agrícolas, el posible envenenamiento con cianuro y con mercurio, la pérdida de medios de vida para la población rural local. Los beneficios son por pocos años, los costos socio-ambientales duran más. Debido a esas externalidades o pasivos ambientales o deudas ecológicas, las poblaciones locales protestan frecuentemente contra la minería. Eso no ocurre solamente en Perú. Ocurre en todas partes. El Parlamento Europeo propuso en mayo de 2010 la prohibición de la minería de oro con cianuro, por protestas en el este de Europa. El tribunal superior de lo contencioso administrativo de Costa Rica ha revocado el 24 noviembre 2010 la concesión de la minería de oro a cielo abierto en Las Crucitas, con el aplauso de la mayoría de costarricenses. Y así en tantos otros casos. Por su actividad de muhos años en Cajamarca, Marco Arana es conocido en Perú y también internacionalmente como portavoz del ecologismo popular, como alguien que sabe llevar bien la cuenta de costos y beneficios de la minería de oro. De eso viene Tierra y Libertad, un movimiento que recoge un nombre que nació en Rusia hace 150 años, pasó por España, fue usado en la Revolución Mexicana de 1910. Tal vez debiera ser Tierra, Agua y Libertad, porque la primera protesta de Zapata en Morelos fue contra un ingenio azucarero que se llevaba el agua de los campesinos. En Perú, en la costa norte, hace casi cien años un cura rebelde, Casimiro Chumán Velázquez, usó el slogan “Educación, Tierra y Libertad”.

La elección presidencial es a dos vueltas, y para pasar con posibilidades a la segunda entre las cinco o seis candidaturas plausibles (la hija de Fujimori, el ex-alcalde de derecha de Lima Luis Castañeda, Mercesdes Araoz del APRA y aliados, el ex-presidente Toledo, el candidato casi ganador hace cuatro años Ollanta Humala) hace falta sacar no menos de un 25% en la primera vuelta. La Confluencia amplia (que incluya a Fuerza Social) lo puede lograr. Hay muchos votos ecologistas y muchos votos contra la corrupción, esas serían bazas fuertes de Marco Arana para empezar. Hay votos por la pluranacionalidad. Esa primera vuelta sería, en la izquierda, como unas primarias entre el partido de Ollanta Humala y esa Confluencia con Marco Arana de posible candidato.

x Joan Martinez Alier
Fuente: ecoportal.net

Compartir / Guardar en favoritos